¿Sabéis cuál es la tarea que me
resulta más complicada de realizar? Ordenar mi biblioteca. No es que sea enorme
(aunque está creciendo considerablemente), ni tampoco se encuentra al final del
laberinto de Creta. El problema es que no sé nunca cómo ordenar los libros. Para
mí, son mucho más que simples textos, cada uno de ellos es un pequeño universo o
bien una inmensa idea, según se mire. Su agrupación, por tanto, se asemeja a la
mente humana, en la que conviven pequeños mundos interiores y pensamientos
diversos. De ahí surge probablemente su dificultad. La mente humana es un caos.
Las bibliotecas, consecuentemente, están destinadas a serlo.
Por mucho énfasis que pongamos en
ordenar y organizar nuestros mundos, siempre nos costará encontrar aquello que
buscamos, pues somos capaces de conservar una cantidad vastísima de pensamientos.
Tenemos la opción, eso sí, de clasificarlos para que su consulta sea más
factible. Podemos ordenarlos por autores. Suele ser un método muy común y útil;
todos tenemos una serie de recuerdos e ideas asociados a diferentes personajes
de nuestras vidas. Dependiendo de si tenemos más o menos guardiofeeling[1]con esa persona,
nuestra biblioteca contará con más o menos volúmenes suyos. Lógicamente, si son
varios los pensamientos que atesoramos de ese individuo, los colocaremos
seguidos, creando una saga de ideas[2]. Si
tenemos más de una idea suelta, cada una de ellas atribuida a un autor
distinto, lo mejor es organizarlas por editoriales, es decir, por aquellas
personas que nos sirven de lazo de unión con un autor antes desconocido. El
papel de las editoriales humanas[3] es más complejo de
lo que parece; poseen la capacidad de interpretar y darnos una visión (en
ocasiones la única que llegaremos a conocer) de ese autor. De ellas depende en
gran medida la composición de nuestra colección. También podemos jerarquizar
nuestras imágenes mentales por temas, pero es algo que rechazo. Como ya he
comentado anteriormente, cada idea contiene en su interior lazos de unión con
otras, por lo que intentar ordenarlas por su materia predominante sería una
utopía y, solamente conseguiría caotizar[4] más nuestra
biblioteca. Un último apunte en este sentido: para aquellos seres más
superficiales y aferrados al materialismo de la sociedad consumista que
únicamente buscan el reconocimiento social o la fama, estas dificultades son inimaginables.
Ordenan los libros por colores, quedándose únicamente con la parte visible que
sus autores muestran y emitiendo juicios de valor a partir de este enorme
conocimiento. Afortunados ellos.
Toda esta metódica ordenación se
trunca cuando aparece un nuevo libro, con sus ideas en el interior, esperando
ser conocidas. ¿Dónde lo colocamos? Junto con los libros que tengamos de este
mismo autor, claro está. El problema reside en que para colocar este nuevo
texto, hay que quitar otro de la estantería
mental[5], pues
esta se nos está quedando pequeña. Podríamos ampliarla, pero eso supondría
hacer una reordenación total de nuestros pensamientos, hecho que no debe
realizarse muy a menudo, pues supone largos períodos de ermitañemismo[6]. Otra
solución es quitar alguno de los libros que se encuentran en la estantería.
Esta acción, no obstante, también acarrea problemáticas consecuencias ya que si
movemos el texto, estamos modificando también la unión que tenía con las demás
ideas que lo flanqueaban. Para solucionar esto, deberíamos trasladar también
los razonamientos con los que la idea se encuentre emparentada. Y aquí llega
punto más conflictivo de todos (sí, sí, lo tenía guardado, una técnica de la
retórica clásica). Conservadurismo o vanguardismo. Mantener la estructura
anterior de la biblioteca y colocar la nueva idea en cualquier lugar, o bien
modificar la arcaica composición. Depende de nosotros. Recordemos, eso sí, que
los pensamientos son eternos y que, se coloquen donde se coloquen, estén en el
estado que estén, siempre existirán y podrán ser consultados hasta el fin de
los tiempos.
[1]
Término sinónimo de ‘feeling’, es
decir ‘entendimiento entre dos personas’. La expresión se remonta al momento en
el que Josep Guardiola, entrenador del F.C Barcelona, abrió las puertas de
salida del Camp Nou a Samuel Eto’o, alegando razones de falta de ‘feeling’.
[2]
Expresión utilizada para hacer referencia a una serie de ideas que puedan a
llegar a ser muy diversas pero que mantienen un denominador común: el autor.
[3] Expresión
que alude a aquellas personas que nos presentan a otras que no conocíamos. Nos
dan normalmente la visión que ellos tienen del desconocido, condicionando
nuestra futura relación con él.
[4] Verbo
procedente del sustantivo ‘caos’. Hace referencia a la acción de destruir,
desordenar, explosionar, masacrar… En este contexto, claro está, alude a la acción
de ‘desorganizar’
[5] Lugar
de la mente en el que se conservan, de forma más o menos jerarquizada, nuestras
idea, pensamientos y recuerdos.
[6]
Doctrina propia del ermitaño. Tiene como
objetivo el cultivo del alma mediante el aislamiento natural, la meditación y
la eliminación de los placeres y deseos terrenales.